HABITAR LA RUINA
Nancy Ruiz «Abinyx»
El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos
y recomponer lo destruido.
Pero un huracán sopla desde el paraíso
y se arremolina en sus alas,
y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas.
Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro,
al cual vuelve las espaldas,
mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo.
Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Walter Benjamin – Tesis IX
¿Por qué hay espíritus para quienes las ruinas causan fascinación?, ¿qué clase de nostalgia nace en el centro de las ruinas, por qué nos obligan a detener la marcha y reparar en un momento petrificado que nos atrae con toda la fuerza del devenir?
La ruina hace visible el desplome, la precipitación, nos remite a un tiempo dislocado que materializa la imposibilidad de un pasado habitado por el futuro… ¿o por el olvido?
Según Georg Simmel, reconocemos la ruina arquitectónica por la evidente contienda entre la aspiración nefelibata del alma y la pesantez de la naturaleza que, con en el curso de los días, va tomando el espacio que en principio fue suyo. La ruina es nostalgia manifiesta, pues experimentamos una lejanía por más cercana que pueda estar… como dice el oxímoron benjaminiano.
La artista Nancy Ruiz «Abinyx» delineó con sus pasos un tipo de caminata del recuerdo, a través de la curiosidad, el deseo por explorar y una sensibilidad espacial extraordinaria fue construyendo con fragmentos fotográficos su andar entre ciudades. Puebla, Poza Rica, Tuxpan y Tampico le revelaron la ecuanimidad del tiempo que todo transforma. En cada visita Nancy percibía que los espacios sin habitar se a-rruinaban, pero su condición nostálgica la convirtió en la justa alegorista que comprendió el potencial de la ruptura, la distancia entre el objeto y su significado, entre el pasado y el presente. La ruina es sublime porque nos remite a nuestras huellas y deseos antiguos, pero también nos invita a revitalizar, a reconstruir o volver a morar.
Participemos del recorrido que Nancy pensó para su público y que nos lleva desde la serie de radiografías hasta otras obras que, en conjunto, fueron piezas esenciales para su experimentación artística y conceptual. Y quizá, mientras miramos detenidamente, podríamos preguntarnos: ¿Y yo, cómo habito la ruina?
Anaid Sabugal